Rescate en Perú

La otra cara de la moneda

A pesar de que en el plano deportivo, esta expedición en Perú está siendo de lo más exitosa, los acontecimientos de los últimos días, con el fallecimiento en el Nevado Caraz de los argentinos Ian y Juanpi, y el posterior rescate, han desequilibrado la balanza en el plano personal de una manera clara.

LOS ARGENTINOS IAN SCHWER Y JUAN PABLO CANO SUFREN UN ACCIDENTE MORTAL EN LOS ANDES 

Es por todos sabida nuestra especial relación con Sudamérica, y mas concretamente con argentina, país en el que hemos realizado muchísima actividad, y el cual hemos visitado hasta en ocho ocasiones.
Por casualidades de la vida no habíamos coincidido con Ian y Juanpi hasta esta ocasión, en la que hemos tenido el gusto convivir con ellos quince días en esta bonita casa del barrio Huaracino de Marian.

Ahora visto con la perspectiva que da una tragedia de esta magnitud, nos sentimos felices de haber podido compartir con unos chicos de esta calidad humana, estos últimos días.
Fueron jornadas bonitas, con buenas charlas, compartiendo comidas, mates, estiramientos y flexiones, con gente de diferentes nacionalidades sudamericanas, que hacían de nuestra bonita casa de Marian una verdadera “Copa América”.

CRONOLOGÍA DE LOS HECHOS

El martes 9 por la mañana los chicos partieron hacia su objetivo. Lo sabemos a ciencia cierta, porque nosotros estábamos desayunando fuera de la cabaña, y les deseamos suerte mientras les invitábamos a unas madalenas.
Nosotros lo hicimos a la mañana siguiente y no retornamos hasta el sábado 13 al mediodía.

Volvimos muy contentos con una actividad muy buena que ya os contaremos, y nos extrañó mucho que en la casa no hubiese nadie, pero el parte meteorológico había sido muy benigno, y casi todo el mundo había salido para arriba.
Al rato nos encontramos con la señora de la casa que andaba preocupada porque el resto de los chicos (los argentinos Matias Korten, Diego Cofone y Angie Di Prinzio, y los chilenos, Nacho Vázquez, James Baragwanath, Sebas Pelletti y Valeria Vargas) <”habían salido corriendo casi sin despedirse el día anterior”>.

No le dimos mayor importancia hasta que a las 18:00 pm recibimos un email de nuestra amiga Luciana Juárez de la agencia “Andean Kingdom”, avisandonos de que se temía que Ian y Juanpi habrían sufrido un accidente mortal en el Nevado Caraz de 6.025 m, basándose en las informaciones que llegaban de la zona.

Rápidamente entendimos, que nuestros compañeros de casa, habían salido corriendo el viernes alertados por el retraso que estaban sufriendo sus dos amigos en volver de la montaña.

Hacia las 20:00 bajamos a saludar a la gente de “Andean Kingdom” y nos encontramos con que se estaba organizando un dispositivo de rescate. Lo cierto es que estábamos físicamente machacados después de haber estado haciendo actividad cuatro días por encima de 5.000 metros, pero allí había mucha gente en nuestra misma posición, y no había mucha duda de lo que teníamos que hacer:

“Tratar de ayudar a nuestros compañeros que lo necesitaban”.

Así, a las 3:00 am del domingo estábamos saliendo para la laguna Parón, distante de Huaraz 3 horas.
Nos juntamos alrededor de 40 personas: 7 policías de la Unidad de Alta Montaña, Tom en representación de la Casa de Guías haciendo las veces de responsable del rescate, y otros 34 voluntarios de diversos países, entre los que nos encontrábamos nosotros.

Nos dividimos en dos grupos claramente diferenciados: El primero ascendió hasta la base de la montaña por la vía normal mientras el otro lo hizo desde la Laguna. La idea era que mientras los primeros iban descendiendo con las camillas desde arriba se encontrarían con los segundos que habían equipado la línea de descenso desde abajo.

Para cuando el primer grupo de rescate llegó el domingo a la madrugada hasta los fallecidos, nuestros compañeros de casa que habían llegado el día anterior, ya habían sacado los cuerpos fuera del glaciar (Imaginaros el trabajo tanto físico como emocional que realizaron).

Mientras este primer grupo compuesto por la Unidad de Alta Montaña de la Policía, la Casa de Guías, y algunos voluntarios, colocó a los chicos en las camillas y comenzaron a descenderlos, el grupo que entramos desde abajo, buscamos un paso entre las rocas para ir a su encuentro. Tuvimos que montar dos rapeles, el primero de hasta 100 metros.

El encuentro entre unos y otros se efectuó algunos metros por encima de la línea de rapeles, con lo que para cuando llegamos a esta zona que entrañaba mucha dificultad técnica, el número de efectivos era muy grande, con lo que esta parte se llevó a cabo con todas las garantías.

De aquí hasta la laguna Parón, donde se metieron las camillas en una lancha, y se les llevó hasta el refugio donde esperaba el juez de guardia.

¿DÓNDE ESTABA EL HELICÓPTERO?

No vamos a negar también que se echó en falta un helicóptero. Es difícil de comprender que en toda la Cordillera Blanca no haya un solo helicóptero a disposición de los profesionales que tienen que realizar estos rescates.
De haberlo se minimizaría el riesgo que corren los profesionales y voluntarios que participan en cada operativo.

¿Se puede permitir Perú que vende turismo de montaña no contar con medios para efectuar un rescate en condiciones? ¿Alguien cree que este gran detalle no afecta al turismo?
Los tiempos cambian, y hasta en países pobres como Nepal, los helicópteros vuelan a 8.000 m; ¿Por qué no en Perú?

CONCLUSIONES

La primera es que sendos alpinistas argentinos eran gente reconocida, fuerte y experimentada, que se encontraba haciendo una actividad de mucha envergadura.

La segunda es que a nuestro parecer el rescate fue brillante, y se llevó a cabo de una manera muy profesional, empezando por los compañeros de Ian y Juanpi, que fueron los primeros en acudir al auxilio de los chicos aun a riesgo de sus vidas (La zona donde se encontraban los cuerpos estaba muy expuesta a la caída de materiales).

Desde “Andean Kingdom”, con Luciana Juárez a la cabeza, que apenas ha dormido los últimos días, haciéndose cargo de la organización del operativo primero y la llegada de los familiares después, y acabando por gestionar gran parte de los trámites burocráticos una vez recuperados los cuerpos.

La Policía de Alta Montaña que realizó un trabajo muy riguroso y profesional, muy por encima incluso de lo meramente exigible.
La Casa de Guías, a través del jefe del rescate Tom, que voluntariamente dirigió toda la operación de una manera impecable.

Los 35 voluntarios entre los que nos encontrábamos nosotros, que no respiramos hasta que vimos que el rescate se llevaba a buen puerto.

Es verdad que se tomaron riesgos- como sucede en todo rescate- y que los chicos ya habían fallecido, pero no es menos cierto, que la mayoría de los que estábamos allí sabíamos lo importante que era recuperar sus cuerpos.
Cuando llevas mucho tiempo en esto y has perdido a muchos amigos (Estos últimos años están siendo especialmente duros para nosotros) sabes que la familia necesita recuperar los cuerpos y cerrar un círculo, porque en caso contrario, puede ser una herida que no se cierre nunca.

Hubo mucha emoción y mucha tensión acumulada durante las más de 24 horas que duró toda la operación (Los chicos la habían iniciado el día anterior) porque más de el 70% de los voluntarios conocían a los fallecidos y todo el mundo sabia de la importancia de recuperar sus cuerpos.

”Me atrevería a decir que todo el mundo trabajó como si los chicos estarían vivos”

Antes de ayer llegaron las familias. Los chicos prepararon un asado en casa y entre todos intentamos reconfortarles. La madre de Juanpi lloraba desconsolada, pero intentamos hacerles ver por todos los medios, que tanto Juanpi como Ian tenían también otra familia allí en las montañas que los quería y cuidaba de ellos.

Es una historia muy triste y sin final feliz, pero es una historia de vida, una historia de amor.

La tercera conclusión que queremos recalcar, es que la montaña y su gente ha dado un grandísimo ejemplo de amor y solidaridad. El ser humano en los momentos límites es capaz de lo mejor y de lo peor, y ¡una vez más!, el mundo de la montaña ha dado lo mejor.

Nuestro más sincero pésame a familia y amigos por una pérdida tan grande, estamos con vosotros.

No queremos acabar este texto sin agradecer a cada una de las personas que han participado en esta historia su valor y su actitud ante la vida: Esperamos no dejarnos a nadie porque ¡Sois grandes!

Diego Cofone, Sebastian Pelletti, James Baragwanath, Ignacio Vázquez, Matias Korten, Valeria Vargas, Angelina DiPrinzio, Augusto (CH), Felipe Randis, Beto Pinto, Diego Arcos, Agustín Furth, Max (Mex), Gonzalo Caturelli, Matías Sergo, Emilio Abudi, Matías Lara, Pablo Tapia, Nicolás Secul, Emilio Aburto, Chopo Díaz, Soledad Díaz, Catalina Unein, Bernardo Gasman, Raimundo Olivos, Martin Oliger, Bernardo Concha, Meg Tounly, Miluska Liz, Manuel Ponce, Iker Pou, Eneko Pou, Mark Toralles, Tom Roger, David, Gonzalo Talo, Luciana Juárez, Cesar Chusky Pajuelo, Paula Haimovich, más los compontes de la Patrulla de Rescate de Perú.

Gracias también a Pablo Tapia, que con todos sus datos nos ha ayudado a confeccionar esta historia.

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